Un intenso debate ha surgido en la UC en los últimos días. Todo comenzó cuando Rectoría (por motivos cambiantes y no bien definidos) decidió cancelar un evento organizado por la Directiva FEUC, en el contexto de su “semana del género”. En respuesta, la Federación decidió convocar a una manifestación en Casa Central, para protestar en contra de la decisión. “La UC, antes de católica, es una universidad”, señaló poéticamente Sofía Barahona. Como era previsible, las reacciones en redes sociales no se hicieron esperar.

Lo narrado ha generado una amplia discusión sobre lo que significa ser “universidad” y la relación existente entre ella y su “ideario”. Resulta indispensable, por tanto, analizar qué es lo propiamente universitario y cómo se conforma; hasta qué punto se relacionan los conceptos propios de universidad e ideario (católico, en este caso), y si esta asociación tiene algo que decir respecto de sí misma y de Chile.

Respecto al primer punto, debemos entender que la Universidad consiste en una comunidad que busca el desarrollo y expansión del conocimiento, la creatividad y de la cultura en un sentido amplio. Una comunidad que, desde las más diversas disciplinas, explora más allá del límite entre el conocimiento y el misterio, para desentrañar la verdad sobre la realidad que nos rodea.

Sin embargo, la Universidad no surge sino a partir de una agrupación de personas, reunidas en torno a una visión del mundo, que buscan el desarrollo y profundización del conocimiento a partir de ese mismo eje motivador y fundador. Así, toda Universidad tiene necesariamente un ideario (sea este expreso o tácito), sobre y desde el cual busca desarrollar y transmitir a las futuras generaciones. De esta forma, en una sociedad libre, la diversidad de proyectos educacionales resulta ser un reflejo de la diversidad de visiones que en ella conviven. Por eso es que los idearios educativos no constituyen un mero capricho ideológico; sino que son la expresión más noble de las diferentes tradiciones de pensamiento que dialogan y discuten unas con otras, enriqueciendo y profundizando el pluralismo propio de una sociedad democrática.

Es por lo mismo que se debe respetar y reconocer el derecho de toda Universidad (sea católica, masona, laica, etc.) de conducirse según su propia “línea editorial” en la forma de conocer el mundo.  Se trata, en el fondo, de permitirle ser fiel a la tradición de pensamiento sobre la cual se funda cada proyecto educativo, y desde la cual se busca explorar la realidad. Por esto es que, entre otras cosas, esta instituciones deben ser libres y autónomas, tanto del poder politico de turno, como de las diversas reivindicaciones políticas que transcurren en el debate público. Sólo así esa busqueda del conocimiento, labor esencial de cualquier universidad, puede darse de manera honesta y desinteresada, sin ser intrumentalizada por agentes políticos. Vale hacer la salvedad en este punto, que autonomía y no intrumentalización respecto a grupos políticos, lejos está de significar despolitización: la universidad, si bien no es el punto de esta columna, es una institucion esencialmente política.    

Respecto a la relacion entre el ideario de una institución universitaria y sus miembros, es pertinente aclarar que a estos, desde luego, no se les exige adherir explícitamente al mismo, pero si respetar (1) su existencia y (2) el derecho de la institución a impartirlo.

Dicho todo lo anterior, ¿existe una contradicción o tensión en la UC entre el ser Universidad y Católica al mismo tiempo? A diferencia de lo que parece insinuar la presidenta de la FEUC, no la hay, ni podría haberla. Esto en cuanto esa “identidad católica” es el punto desde el cual se inicia el diálogo entre la UC y la sociedad que le rodea. De alguna forma, constituye la propuesta que nuestra Casa de Estudios le hace a Chile, y desde la cual busca hacer lo propio de una Universidad: explorar la realidad y buscar el conocimiento. Por eso es que la identidad no es una barrera al diálogo, sino más bien su punto de inicio. Sólo quien tiene una identidad clara puede entrar en una conversación honesta y contrastarla con aquella de quien piensa distinto.

Al tratar entonces la úlitma polémica de la semana, cabe hacer un par de acotaciones. En primer lugar, que nada bueno puede salir de la ambigüedad manifestada por la autoridad al fundamentar su negativa. Respuestas como esta sólo afectan la confianza que debe existir en una comunidad universitaria. Sin embargo, yendo a la discusión de fondo, nuestra Federación debiese tener claro que la Universidad se encuentra en su legítimo derecho de exigir que en estas actividades siempre haya al menos un exponente que, en igualdad de condiciones, represente su ideario. Además, en un contexto Universitario, resulta lógico que se exija que lo que prepondere sean razones y argumentos, y que cualquier actividad que se realice en sus instituciones se de en un contexto propiamente académico y no puramente propagandístico. En realidad, se trata de condiciones mínimas para que lo que se realice sea un verdadero diálogo universitario y no otra cosa. Sólo así es que se podrá dar ese diálogo fraterno entre visiones distintas en la búsqueda de la verdad, posibilitando que la UC de a nuestro país esa propuesta de mundo y de sociedad para la cual fue fundada.

Quizás, antes de lanzar públicamente declaraciones denunciando supuestas inconsecuencias en la esencia de nuestra Universidad, nos falta reflexionar un poco más sobre el sentido, la historia y la misión de la misma. Incluso, puede que le lleguemos a tomar algo de aprecio.

Diego de la Barra I.

Delegado Solidaridad UC

Juan Carlos Gazmuri

Coordinador General Solidaridad UC

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