Leyendo las últimas columnas que se han publicado en este medio respecto a la problemática que se ha derivado a raíz de la negación por parte de Rectoría de hacer una feria de iniciativas sexuales de diversa índole, debo decir que estoy decepcionado de las posiciones que han salido de ambos lados del espectro político. Aun cuando mi posición es radicalmente de izquierda, estoy en contra de los argumentos que se esbozaron en la última entrega a este periódico porque no clarifica el argumento y solo infantiliza la posición diciendo que no hay otras opciones universitarias; y para qué decir los argumentos de derecha que invitan, sutilmente, a retirarse a los alumnos que no les gusta la conformación de lo católico y de lo universitario que tiene la Pontificia Universidad Católica.

A continuación, expondré las deficiencias en el análisis que se ha hecho, a mi parecer, hasta el momento, para luego exponer mi propia postura respecto la visión que se debe de tener de universidad y catolicismo, ahondando en el porqué de incluir a la comunidad LGTB. Me sumergiré principalmente en el tema de creación de universidad y catolicismo, en tanto ello es lo que está en boga en última instancia y no la aprobación o rechazo de la comunidad LGTB. En la medida en que la posición que planteo sea la ganadora, dicha comunidad tendrá los espacios que se merece por simple dignidad humana.

Tanto la izquierda como la derecha han hecho una infantilización de la posición alterna sin una búsqueda concreta de construcción de verdad. Primeramente, el caso de la derecha: si los argumentos son invitar a declinar nuestros estudios en la universidad porque no estamos de acuerdo con un programa, plantel e incluso ideología universitaria, ello es burdo y obsceno. Dicho argumento tiene varios errores en su planteamiento: (1) el argumento obvia una razón clara, más allá de estar de acuerdo o no con la ideología universitaria, la Pontificia Universidad Católica se ha ganado un espacio y renombre en la academia internacional, por ejemplo, manejando los primeros puestos en el ranking universitario latinoamericano. Una universidad antes de tener una ideología, es una casa de estudios, donde lo primero es el conocimiento y no una ideología; de lo anterior se desprende que, si es una universidad de calidad, como ha demostrado ser, inevitablemente va a llamar a estudiantes de diversa índole que se vuelven actores relevantes dentro de la escena universitaria al entrar a la casa de estudios por el simple hecho de tener una opinión (lo cual no implica que no podamos hacer una valoración respecto a dichas opiniones). (2) El argumento obvia una situación de realidad donde es virtualmente imposible o altamente improbable cambiarse de universidad para la cantidad de personas que estamos en desacuerdo con el proyecto universitario que se plantea desde rectoría. Más aun, todos tenemos nuestras razones para mantenernos en esta casa de estudios y esas razones son totalmente válidas; una de mis propias razones es que estoy endeudado y pero que también he generado vínculos con profesores desde las áreas de la Teología hasta de la Medicina y de mi propia carrera, Sociología, que no estoy dispuesto a dejar de lado por un capricho de alguien que desea que todos pensemos medianamente igual. (3) El hecho de solicitar implícitamente que nos retiremos de la casa de estudios demuestra un profundo deseo de estabilidad de lo dado. Ello demuestra un poco sentido crítico. No estoy pidiendo que cambien su posición de a favor a en contra de la institucionalidad, sino que sus argumentos a favor de la institucionalidad logren ver que existen ciertos errores en lo que plantean. En este punto quiero enfatizar en que si estamos o no acuerdo con los planteamientos institucionales ello no implica que no desarrollemos un plan crítico respecto a ésta, con lo cual se espera ir mejorando la institucionalidad y no quedarse estancados en lo dado

Respecto a los argumentos de izquierda: me atañeré a la última carta publicada que hace una suerte de infantilización del por qué estamos aquí y no en otra universidad. El argumento gira en torno al planteamiento de que nos es imposible escoger otra casa de estudio porque esta es buena y básicamente no teníamos otra opción para tener una buena educación. Ello es mentira. Si bien, como dije anteriormente, nuestra casa de estudios es una de las mejores de Latinoamérica, no tendríamos por qué haber escogido esta universidad solo por esa razón. Al momento de la elección universitaria, tanto de carrera como lugar donde la imparten, entran en juego factores reales, como el puntaje, hasta consideraciones valóricas. Entran a su vez, el tipo de malla, perfil de egreso, consideraciones ideológicas, etc. No es que no hayamos tenido otra opción porque la verdad es que sí la teníamos, escogimos la Universidad Católica porque nuestras valoraciones de las variables que entran en juego al momento de escoger la dieron como resultado más favorable. Escogimos estar en una universidad de prestigio, no quedamos aquí porque no había otra opción. No estamos en el período universitario de nuestros padres. Hay que ser sinceros y para estar en la católica te debe dar el puntaje para ello, uno no queda porque no tenía otras opciones, uno escoge y finalmente se matricula en esta casa de estudios porque sacamos buenos puntajes en una prueba que está demostrado, no es una buena herramienta para medir el conocimiento.

Ahora bien, mi tesis es la siguiente: si bien nosotros, los que estamos en contra de Rectoría, escogimos la Universidad Católica ello no implica que no tengamos el derecho a ser críticos con la educación valórica que recibimos. Como estipulé anteriormente, toda opinión se hace válida al ser partícipe en algún grado de las funciones universitarias, y ello incluye funcionarios, profesores, alumnos y administrativos. Lo cual no excluye que sí se puedan hacer valoraciones respecto a las creencias ajenas. Y aquí entra mi crítica más dura hacia la posición de derecha que busca invisibilizar e incluso eliminar a la comunidad LGTB de la faz de la universidad y de la tierra.

La posición de “universidad” y de “catolicismo” que ustedes tienen, a mi parecer, es profundamente errónea. La universidad es, como dije antes, una casa de estudios primeramente y luego un lugar con construcciones morales. Dejar afuera a quienes piensen distintos no hace más que sustentar la posición de dominación que ha tenido el hombre sobre la mujer y las minorías sexuales. Visibilizar y hacer parte a una comunidad implica abrir los horizontes de sentido para buscar congruencias; ni si quiera implica una aceptación de dicha comunidad, sino implica solo darle posibilidad de existencia y de contrubuir en el diálogo. Amartya Sen dice que una de las mayores desigualdades son las que se derivan de la opresión política, donde las personas no tienen derechos políticos. Y si bien la Católica no es un Estado Totalitario, sí busca invisibilizar a una comunidad que sí existe y por tanto quitarle la voz y la opinión que por respeto humano se merecen. La desigualdad política hace que sea más difícil la construcción democrática ya que hay partes que se quedan afuera; en última instancia esa comunidad pierde en facultades humanas, lo cual no deja que utilicen sus capacidades para desarrollarse como personas al máximo. La posición de la Rectoría no hace más que evitar que los miembros de la comunidad LGTB no se desarrollen como personas.

Por otro lado, la defensa paupérrima que se hace de un tipo de catolicidad se me hace sumamente obscena. La Rectoría, en mis cuatros años de Universidad ha sido totalmente incapaz de, al menos, ser honestos con los sus funcionarios, administrativos, profesores y estudiantes; no solo es en la negación de la comunidad LGTB, sino respecto a subcontrato, aborto, tipos de catolicidad, despidos y así una larga data. El rector Sanchez simplemente ha sido incapaz, sea cual sea la razón, de ser honesto con nosotros y decirnos exactamente lo que piensa, para con ello, construir de manera más sólida. Y luego está el problema del tipo de catolicidad que se defiende; la verdad es que no tendría ningún problema si nuestra universidad encontrara sus fundamentos en la Teología de la Liberación, pero el problema es que la catolicidad que defiende Rectoría y sus aliados, es una catolicidad atrasada, más atrasada que el Vaticano incluso. En teoría, los cristianos deberían de repartir amor y aceptación con un otro, generando una comunidad que se respete mutuamente, pero la catolicidad defendida por rectoría invalida dicho principio básico de amor que tiene el cristianismo. Las políticas y la ideología adoptada por Rectoría y compañía invalida el principio de respeto, lo que hace que el humano no se pueda desarrollar en todas sus capacidades. No se tiene respeto por la otredad si nuestra primera reacción es invalidarla y hacerla a un lado en pos de nuestros principios. En vez de generar un dialogo, la salida que siempre ha adoptado Rectoría es una salida cobarde, con una defensa débil y obscena de su posición.

¿Por qué tenemos que ser críticos con la posición de Rectoría? Porque es nuestra responsabilidad como seres humanos empatizar con el resto, buscando crear una comunidad que valore la vida humana y el desarrollo completo de sus facultades. Al integrar a la comunidad LGTB al debate y visibilizarla lo que estamos haciendo es devolverle las facultades humanas que les han sido arrebatadas por una dominación opresora que ha durado demasiado tiempo. Buscamos tratarlos como humanos; lo que podemos hacer es devolver a todos los miembros de nuestra casa de estudios, las facultades que la sociedad les ha arrebatado, para con ello, crear un futuro más sólido.

Es por todo lo anterior que debemos de crear una comunidad universitaria católica que siga los principios del catolicismo: amor y servicio. Debemos ser capaces de generar instancias donde se incluya a las minorías porque ellas también son humanos y tienen algo que decirnos respecto a nuestro pensamiento. El diálogo de las partes se genera en el debate con respeto, no colgando un cartel misógeno o evitando que una comunidad sexual se exprese. Crear universidad y crear catolicidad está en nuestras manos y es nuestra responsabilidad entonces ser críticos con Rectoría porque su posición atenta contra el desarrollo de las facultades humanas de varias comunidades que forman nuestra casa de estudio.

 

Juan Concha

Estudiante de Sociología UC

No hay comentarios

Dejar respuesta