La discusión en torno a la gratuidad universal en educación superior ha sido de las más importantes de los últimos años, a diferencia de Mauricio Moreno no creo que sea una discusión que sea una confrontación reduccionista entre izquierda y derecha, sino una discusión en torno a cómo enfocamos el uso de recursos para construir una mejor sociedad que respete la dignidad y entregue justicia de manera transversal.

Dejando esto en claro es necesario analizar la argumentación presentada en respuesta al “sector político” que se opone a la gratuidad:

En el primer argumento creo necesario comenzar de la base que es innegable que la educación es un bien social que trae consigo un sin fin de aportes a nuestra sociedad y debe ser el pilar de nuestro desarrollo país, creencia transversal a distintos sectores políticos no único de algunos como se plantea. Pero es también necesario evidenciar que trae consigo beneficios personales, que pueden ser económicos, pero innegablemente culturales y cognitivos. Esto es algo innegable y que existen tanto beneficios sociales como individuales no debe ser comprendido como un problema mientras ambos vayan en concordancia. Es necesario comprender que bien social y bien personal no se oponen sino que ambos se complementan en un desarrollo íntegro de la persona como de la sociedad.

Por lo tanto, el desafío del financiamiento en educación superior debe ser proporcional, comprendiendo que tanto el bien personal como el bien social que se obtiene es responsabilidad tanto individual como colectiva. La lógica de comprender que por generar un bien social debe ser financiado únicamente por el Estado es reducir nuestra compleja sociedad a la dependencia de una única institución, que si bien desempeña un rol clave y vital, no es la única ni la exclusiva responsable de la educación chilena.

Sobre el segundo argumento es necesario comenzar recordando la premisa que se expuso:

“Cuándo la derecha no quiere que los que tienen mucho dejen de pagar, están defendiendo el derecho de pagar por algo mejor, de pagar por algo diferente, de dejar afuera a los que no pueden pagarlo, de pagar por segregar. La gratuidad universal elimina la segregación por capacidad de pago al impedir el pago por segregación por parte de quienes tienen más”

El reduccionismo político y los saltos lógicos son innumerables, el hecho de hacer que quienes pueden paguen por la educación bajo ninguna lógica significa querer establecer una diferencia de calidad en la educación que se recibe. La calidad debe estar asegurada para todos y las personas deben poder acceder a esa calidad ya sea por medio de un financiamiento estatal o bien aportando además desde su bolsillo. Creer que ciertas personas paguen significa segregar cuando de este pago se pueden obtener aún más recursos para mejorar la calidad de las instituciones donde se encuentran tanto quienes pagan como quienes reciben financiamiento estatal es una discriminación imaginaria e incomprensible. Es necesario mayor responsabilidad en la argumentación porque solo con premisas no basta para una discusión seria sobre el sistema de financiamiento y aseguramiento de la calidad de nuestra educación.

Por último sobre el tercer argumento que se plantea sobre el coeficiente de Gini es necesario analizar esto en profundidad, ¿Qué lógica tiene una política que no busca disminuir la desigualdad en nuestro país?, si la gratuidad universal no asegura esto ya de por si no soluciona una parte importante del problema de acceso. Disminuir los altos índices de desigualdades injustas es un desafío de nuestra sociedad y debemos enfrentarlo de manera complementaria los distintos integrantes del tejido social. Por esta razón tal como se plantea el pasar el uso de los recursos que financia nuestra educación únicamente al Estado no tiene una significancia, de hecho bajo palabras de Moreno,no produciría nada en torno a la desigualdad. Incluso si se concede el punto que bajo esta lógica no es una política regresiva tampoco es progresiva por lo que la misma pierde el sentido. Si además miramos más allá y salimos de nuestro narcisismo universitario podremos darnos cuenta que destinar todos los recursos a financiar la gratuidad universal en educación quitará recursos que se podrían invertir en otras áreas ya sea salud, vivienda, transporte y así muchas más que tienen de igual manera altos índices de desigualdad en el acceso. Creer que la gratuidad no tiene consecuencias y sería una política “neutra” de por si le quita el sentido y por lo demás es ser ciego de la compleja realidad de nuestro país.

Queda agregar que toda la discusión que acá damos en torno al coeficiente de Gini ya ha sido analizada y la gratuidad universal disminuye el Gini en un 0,003 mientras que una gratuidad parcial, es decir a quienes no pueden pagar la educación, disminuye el Gini en un 0,049 cifra bastante más significativa (Fuente CEPCHILE).

Dado lo anterior no queda más que invitar a toda la comunidad a cuestionarse de manera crítica la política de gratuidad universal, comprendiendo que la educación es un desafío que debe ser asumido por nuestra sociedad en su conjunto, no únicamente por el Estado. Que por lo mismo la diversidad en la manera de aportar a esta es de vital importancia asegurando siempre calidad y que nadie se quede fuera por falta de recursos, pero comprendiendo también que las limitaciones para acceder a la educación son variadas y deben ser enfrentadas de igual manera para generar un acceso justo a la educación en nuestro país.

 

Pablo Perelló

Estudiante de College UC

Consejero Territorial de College UC

Solidaridad UC

 

  1. (https://www.cepchile.cl/gratuidad-de-la-educacion-superior-una-politica-regresiva/cep/2016-03-04/095625.html)

 

 

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