Somos marineros de un barco en el cual se ha conversado y discutido basado en la tolerancia, el respeto y la empatía. Pero este barco se está hundiendo.

Cada vez es más difícil comunicarse con personas que piensan distinto. Se forman grupos polarizados donde todos piensan de la misma manera, se burlan de los que tienen ideas contrarias y, en las redes sociales, quizás por estar protegidos por una pantalla, insultan a cualquiera que trate de plantear algo distinto, creando un gran oleaje de intolerancia que amenaza con hundir el barco de la discusión sana.  Cada vez más gente habla como si fuesen los dueños de la verdad, cerrándose al diálogo y planteando sus ideas como absolutos. La soberbia en el planteamiento de ideas es cada vez mayor. No se permite contradecirlos, porque de lo contrario se es excluido y tratado como alguien que no merece respeto.

Así ha ocurrido en las discusiones de temas polémicos como el aborto y la teoría de ideología de género. Así ha ocurrido, también, en las manifestaciones por la educación. Y así ha ocurrido recientemente con manifestaciones e incidentes en la semana contra la homofobia, donde no solo se realizaron actividades que tenían por finalidad ridiculizar, sino que fue principalmente en las redes sociales donde se publicaron varias opiniones con comentarios despectivos. De esta forma, la tormenta de la intolerancia está hundiendo el barco.

A mi parecer, el motivo del progresivo hundimiento del barco consistente en el aumento de la soberbia y la burla en el planteamiento de ideas, más allá de la falta de discusión, es la falta de empatía. En nuestra universidad hay gran diversidad de personas, que han tenido experiencias distintas. Lo propio de un ámbito universitario es tratar de entablar conversación y discusión con estas personas de variadas ideas y experiencias, tanto para aprender más sobre el tema que se está discutiendo o conversando, como para tratar de entender por qué él plantea lo que plantea. El ánimo de querer entender a la contraparte en una discusión, también es parte de la tolerancia que tanto se pide hoy. La empatía facilita la discusión sana, dado que permite entender y respetar a la otra persona. Solo si se hace un esfuerzo por comprender al prójimo, se podrá empezar a discutir y plantear ideas y argumentos como corresponde en una universidad, pudiendo mantener este barco a flote.

Cada vez es más difícil presentar argumentos contrarios a la opinión de la persona con la que se está discutiendo. Los temas polémicos se están transformando en un tabú en el que quien trata de defenderlos, sobre todo en ámbitos de las redes sociales, es excluido e insultado. Mientras menos se habla del tema, más profundo se enraíza el tabú y más difícil es romperlo. Por esto es que es necesario mejorar las conversaciones y las actitudes, mostrando verdadero interés en el entendimiento del otro y de su opinión.

Pero, mientras tanto, el barco se sigue hundiendo en el mar del odio, la intolerancia, la burla y la falta de conversación y empatía.

 

Alexander Christian Stehr Schmidt-Hebbel,
Estudiante de segundo año de Derecho UC.