Resulta preocupante y llama la atención que, cuando existen ciertas organizaciones estudiantiles y sociales a nivel global, las cuales se esmeran por defender ideales y propósitos humanitarios tan simples como son la autodeterminación y defensa de los Derechos Humanos de un pueblo,  que algunas comunidades en Chile tiendan a discutir y tergiversar de manera falaz estos propósitos, con una argumentación contraria e indirecta respecto a las circunstancias.

Durante los últimos días ha suscitado a nivel nacional la candente discusión respecto a la negación de ciertas Universidades de nuestro país y la permisión de otras, a dar cabida a la exposición de un destacado arqueólogo israelí, Joe Uziel, protagonista y profesional a cargo de una conferencia impulsada por la Embajada de Israel y la organización Israel Antiquities Authority (IAA). Más allá de quién es el perito arqueólogo, es preocupante analizar la manipulación de los medios y el desenfoque social que se entrega sobre la coyuntura.

Sería de bastante simplicidad e ingenuidad reducir esta oposición a que se realice una conferencia académica como tal, como un intento de “prohibir a los estudiantes de aprender y escuchar de un prestigioso académico”, cuando existe un razonamiento lógico e histórico el cual concluye en motivos ulteriores. Es imperante hacer un sencillo seguimiento y análisis sobre quiénes son los patrocinadores que impulsan esta conferencia, es decir,  el estado de Israel. Sin embargo, una exclusión de esta magnitud no se perfila a un carácter anti semita, racista ni por lo menos en contra de la religión judía, sino que apunta en contra de un régimen que mantiene hasta la fecha, un amplio registro de violación sistemática de los Derechos Humanos, además de una constante y expansiva ocupación de territorio que no le pertenece.

La institución israelí “IAA”, actualmente mantiene sus instalaciones y realiza la gran mayoría de la conducción de sus investigaciones en el Este de Jerusalén, un “territorio ocupado” como lo catalogan las Naciones Unidas en su resolución n° 2334; sin entrar en el detalle del desplazamiento geográfico y socio-cultural del denominado pueblo palestino, a través de una expulsión forzada por fuerzas militares. Es decir, una anexión ilegítima que se realiza a expensas de la violación al derecho internacional.

Sin mayor preámbulo, a modo personal debo confesar que concuerdo con afirmar que es lamentable el condicionamiento contradictorio, sobre la oportunidad de aprender de un connotado investigador, el cual no tiene mayor culpa que ser víctima de su propio sistema. El mismísimo autor en sus propias obras profesionales, logra reconocer algo tan mínimo pero históricamente importante como lo es la existencia de Palestina, en su estudio ‘Palestine exploration quarterly the Early Bronze Age’.  Por lo tanto, invito a reflexionar abiertamente y tratar de no desviar la discusión como un ataque cultural contrario a la ideología judeo-israelí, como si tratara de una ola de un extremismo antagónico a la existencia de un estado de Israel. Estos actos son de oposición política, son un llamado a la atención nacional e internacional a escuchar el llanto de desesperación de un pueblo reprimido y constantemente avasallado, del cual hoy en día tenemos no sólo la oportunidad, sino la responsabilidad de representar y velar por el cumplimiento de sus derechos humanos.

José Tomás Hammerschlag Hamed

Bachiller con mención en Ciencias Sociales y Humanidades.

Estudiante de Derecho, Universidad de Chile.