Distintos argumentos se esbozan para otorgar legitimidad al aborto. La mayoría pone un enfoque directo en ciertas causales extremas y minoritarias -pero no menos importantes- que otorgarían ciertos bienes menores -comparativamente con el derecho a la vida- a quienes lo realicen (como podría ser dejar de cargar con lo doloroso de una violación, el riesgo de la vida de la madre o una posible malformación o algo que podría afectar la vida del niño que está por nacer), los más radicales se refieren a los “derechos reproductivos y sexuales” de la mujer sobre su cuerpo (¿acaso hay alguien que sinceramente niegue que el feto es un ser que tiene una vida propia distinta de la madre en cuyo vientre se gesta?) y el argumento más desquiciado -afortunadamente minoritario- versa sobre la existencia de una especie de patriarcado que reproduce la violencia hacia la mujer con hombres que las violentarán en el futuro, nada más fuera de razón, no resiste análisis serio alguno.

Ante dichos argumentos y lo costoso que es reconocer la evidencia empírica de la existencia de vida desde el momento de la concepción, cabe en el pensamiento especular que hay un verdadero fundamento de las opiniones que legitiman el aborto que ignoran su incuestionable carácter homicida, sin embargo, este carácter difícilmente se confiesa o, tal vez, ni siquiera se advierte de modo consciente.

Lo que sucede es que cuando el asesinato es de un ser ya nacido, hiere -de la forma más directa, grave y dolorosa- la sensibilidad humana. En la manifestación sensible de un bebé se esconde la espantosa idea de un infanticidio, que a nivel transversal -incluso a los que promueven el aborto- les es imposible de aceptar. Cuando se trata de un feto, en cambio, ahorra a quien lo realiza o autoriza, el dolor de imaginar o llegar a presenciar ese golpe violento a sus sentimientos y sensibilidad. La existencia de una vida que trasciende de las capacidades sensibles es la sincera discusión y es ahí donde debe estar el punto de partida, en la repugnancia de todas las conciencias a los atropellos de una norma moral, aun cuando los efectos de ello no sean percibidos por los sentidos.

He aquí la verdadera discusión sobre el aborto, entre los pro-vida y los pro-homicidas del inocente que está por nacer. Lo expuesto da muestra de rasgos que permiten sincerar la discusión, en una que sea seria, profunda y adecuada (sobre todo pensando si de Derechos Humanos se trata). Solemos tornar estas temáticas en hipocresía y exacerbación emocional. Los mismos que condenan con horror y dolor los quebrantamientos a los derechos humanos cuando son sometidos a la presencia de algunos de los 5 sentidos, pero que están seguros de olvidarse de ello mientras los libere de presenciar tal aberración en una forma sensible. Mientras no se vea, mientras no se escuche, mientras no se sepa o mientras se olvide, no importa realmente.

Así, me atrevo con convicción a llamar “defensores de ocasión” o “defensores de la emocionalidad” de los derechos humanos, pero no así, defensores férreos de éstos. El problema que suscita esto, es el peligro que corre de desmoronar todo el sistema institucional de defensa a los Derechos Humanos por el deseo -de unos pocos- que carecen de conciencia sólida que confiera al tema un verdadero alcance moral, en un peloteo constante de cambiar del campo del horror a la indiferencia -y de la indiferencia al horror- de una forma sorprendente y abrupta.

Así, a estas alturas, nos encontramos circunscritos en un enfoque puramente emocional, preparado para tergiversar los derechos humanos para hacer uso de éstos como una herramienta de lucha política, menguando o aniquilando su preferente relieve ético que estas discusiones siempre han tenido y que no debiesen perder. Más aún, instrumentalizando la única visión noble y seria que se aviene de su real trascendencia.

Ahora, sólo queda esperar el resultado jurídico del Tribunal constitucional y los efectos que aquello produzca, pero comparativamente, no posee un ápice de importancia frente al olvidado análisis científico y moral del tema.

Johnny Olate

Estudiante de Derecho UC y M. en Políticas públicas UC.

2 Comentarios

  1. Me gustaría mucho saber porque un hombre viene a hablarme de aborto, embarazo y MIS propios derechos reproductivos. Este terreno no te compete, estimado, nunca fue territorio tuyo y ahora que hemos decidido expulsarlos por decidir por nosotras están terriblemente angustiados por no ser los protagonistas de la historia.

    Te recuerdo que hace apenas 100 años podemos votar.

    Cuando mencionas el asesinato a un inocente pensé que te referías a los niños asesinados hace poco en manos del Estado chileno en Temuicuicui. Pero no, resulta que vienen a instalar una cantidad de verborrea patética (del pathos griego) en torno a un tema que necesita un mínimo de sentido común para comprender que se trata de un derecho básico, de protección a la salud y a la integridad de quien carga con una condición que no desea y que pone en riesgo su vida.

    Evidentemente eres ignorante en la identificación del patriarcado porque tus privilegios jamás te han permitido experimentarlo, o me vas a decir que has vuelto aterrado a tu casa a las 12 de la noche por miedo a una violación? o estas constantemente sometido a la observación obsena de tu cuerpo en la calle? o has tenido un sueldo inferior a tu colega que realiza la misma labor solo por tu género? Te recomiendo un ejercicio muy sencillo, LEER.

    Antes de hablar de aborto, derechos reproductivos y patriarcado, sal de tu burbuja de confort y observa un poco a tu alrededor. Creo con total certeza que lo que padecen ustedes es falsa conciencia.

    Lectura recomendada: Silvia Federicci, el Calibán y la Bruja
    y El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir

    Cariños

  2. no se con que me reí mas, si con la columna misma o con la chiquilla que comentó, quién de los dos mas saco de mierda jajajaj

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