No hay otros pensamientos que ardan más en mi mente como el hecho de que a mi alrededor, exista algo tan desconocido y bello por saber, aquello que la historia quiere graficar, aquel mundo de 5 sentidos donde lo bello simplemente escapa en nuestro afán de querer saber que hay más allá.

Es aquí donde el hombre sigue luchando por encontrar lo inexplicable, así fue como hombres del siglo XVIII se enamoraron del mundo, de la vida, de lo existente porque escaparon de la caverna, caverna cerrada quizás por la fe y barreras morales de la época, quizás por miedo a la oscuridad ante comprensiones que aún existían del medioevo, miedo a la muerte, a los límites del mundo, al fin de éste. ¿Dónde está la influencia de aquellos quienes se atrevieron?, quizás los mismos hombres quienes iniciaron esto no eran genios, Da Vinci, Copérnico hasta Mendel. Simplemente se habrán atrevido a seguir aquello que no había, algo que en sus creativas mentes fuese una jugarreta, ¿mera curiosidad? . Ellos simplemente fueron valientes de recorrer, de conocer y querer percibir el mundo en sus 5 sentidos, junto a su creativa mente juvenil que, al igual que todos nosotros quienes compartimos la disciplina científica, fue arcilla molde para entender aquel medio en el que estaban inmersos.

Conocer el mundo es abrir la mente a lo más puro de la vida, entender de sus ciclos y, a la vez, lograr entender que nuestra misma cultura (entiéndase cultura como conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones y costumbres que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época.) se ha regido por la vida y su estado dinámico constante. Hoy en día el ver como gira el mundo en libros, como el día se hace noche, como el verano se hace otoño, invierno, primavera, es difícil ante lo rápido que vamos, siendo que la esencia está en aquella apertura, en darse cuenta que la tierra respira, que la ecología lleva la estabilidad, las moléculas se logran desarrollar y tienen “vida propia” y el hombre desde la virginidad de su mente puede modelar este mundo tal como en antaño dibujaron cacería en las cavernas, hoy modelan los más complejos modelos matemáticos en softwares para entender su medio y consensuarlo entre ellos mismos.

Es difícil ver como detrás de los libros se puede esconder una gran pasión, pero hay que entender el hecho de que quienes los hicieron también vieron a la ciencia de forma romántica y quisieron plasmar el mundo en papel y megabytes de información para que nosotros atravesáramos el “plateau” de lo sintético y entrásemos al mundo de un sexto sentido que, pienso y espero equivocarme para que alguien me pueda corregir y así pueda desarrollarlo aún más, es el percibir el mundo a través de otros.

Espero no morir como ciudadano en un mundo construido como lo ideó otro para su comodidad sin antes lograr el equilibrio con lo lejano e intrínseco al hombre por cómo es su naturaleza, el amor por el conocimiento, el amor por descubrir.

José Ignacio Torres Bustos

Estudiante de Pregrado, especialidad Ciencias Vegetales.

Agronomía e Ing. Forestal UC

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