Tradicionalmente, la derecha en Chile ha estado asociada a la conservación de las instituciones. La idea de masculinidad, el Cuerpo Militar, la Iglesia Católica, y el orden social de La Hacienda, por mencionar algunos. Sin embargo, todas estas se construyen necesariamente sobre un valor  que rara vez puedo ver en los políticos de la derecha, sobre todo entre los más jóvenes: La Disciplina.

Las últimas semanas hemos visto dos casos extremadamente gráficos de este problema, provenientes de dos candidatos sub 40 a diputados de ChileVamos. Luis Larraín subiendo a redes sociales una foto aludiendo a la homosexualidad de Jaime Guzmán, y Loreto Letelier rechazando la versión de la víctima Carmen Gloria Quintana en el caso Quemados. Por ningún motivo creo que las situaciones sean comparables, ni es mi intención hacerlo, (una no pasa del “troleo” a un partido de la misma lista, mientras que otra rechaza violaciones a los Derechos Humanos  de la Dictadura, reconocidas por la Justicia Chilena y diversos organismos internacionales). Sin embargo, evidencian un problema que persigue electoralmente a las cúpulas de los partidos de la derecha: la incapacidad de conseguir disciplina en sus filas.

¿Por qué el sector político que por tradición debiese ser el más obediente, es el que más vemos sacándose trapos al sol, o resolviendo sus diferencias con mensajes por la prensa y redes sociales? Sostengo que hay dos elementos centrales, que cada caso ejemplifica muy bien. Por un lado, el episodio de Luis Larraín se debe a la falta de compromiso exigido por los partidos, y el de Loreto Letelier a la indulgencia de éstos.

La candidatura de Luis Larraín es un error por todo ángulo del que se le mire, partiendo por la decisión de ChileVamos de incluirlo entre sus cupos. Aceptar a un postulante que públicamente ha señalado que no va a votar por el candidato presidencial de la lista es una muy mala idea. Hoy puede parecer inofensivo, ya que todo el resto se cuelga de Piñera dadas sus altas probabilidades de ganar. ¿Pero no recuerdan la campaña en que Evelyn Matthei debía salir sola a varias giras, cuando los parlamentarios no querían siquiera aparecer con ella en los carteles para no contaminarse con el aire de derrota? ¿No se da  cuenta la derecha de la injerencia que esto tuvo en el desastre electoral de ese año? Tolerar la falta de compromiso desde el principio por parte de las cúpulas es no entender para qué están tratando de ganar una elección. Esto no se trata de combinar listas para maximizar la probabilidad de elegir a un diputado: se trata de armar coaliciones políticas que permitan llevar a cabo un programa de gobierno en el futuro.

Al mismo tiempo que la derecha olvida el pasado reciente, es incapaz de ver los problemas que pueden venir mañana. ¿Con qué cara amenazarán en cuatro años más a Ximena Ossandón (como ya lo han hecho) de no inscribirla como candidata a diputada  si no trabaja por el presidenciable, cuando anteriormente aceptaron a un no militante que expresamente se cerró a cualquier opción de votar por éste? ¿Podrán ponerle un reparo a alguien de sus filas por no ser lo suficientemente activo en la campaña presidencial, luego de tolerar a un candidato que intentó ganar visibilidad con provocaciones sensacionalistas hacia sus propios compañeros de lista?

Mientras el caso de Luis Larraín resume la falta de compromisos, Loreto Letelier evidencia la indulgencia de los partidos de derecha. Luego de una declaración como la ella que realizó, lo esperable sería que Sebastián Piñera pidiera a la UDI la baja de su candidatura. ¿Pero cómo la calificó éste? En el último debate presidencial lo redujo a un “error”, y ahí cerró el tema. No debiese extrañarnos si revisamos las nulas sanciones que el partido impuso a sus militantes por los casos de financiamiento irregular de la política. Cuando una Institución no es capaz de castigar a sus propios miembros y separarlos de quienes han cumplido con lo que se espera, no puede pretender que en el largo plazo las malas prácticas no se esparzan en ésta.

No hay nada más peligroso que estar haciendo las cosas mal, y sin embargo estar obteniendo buenos resultados. Esa es la situación de la derecha hoy, que comete errores graves, pero no es capaz de escucharlos por la música carnavalesca que suena de estar ganando una elección. La historia suele ser un tanto cíclica, y si no aprenden de sus errores y pasado, puede ser que en cuatro años más vuelvan a enfrentar otra tragedia electoral como la de 2013, por haber ignorado nuevamente algo elemental que la soberbia no les permitió reconocer que carecían: Disciplina.

Manuel José Prieto 
Estudiante de Ingeniería Comercial UC
5 año

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