Criticar el feminismo es una cuestión compleja, en especial desde nuestra posición como hombres, dado nuestro rol histórico en la construcción del patriarcado y las desigualdades. No digo que lo sea porque en cuanto hombres debamos estar excluidos del debate feminista, sino porque para hacerlo y estar a la altura, debemos realizarnos ciertas preguntas relativas a nuestra posición.

Cuestionar nuestros privilegios, nuestras acciones, nuestro vocabulario y nuestro pasado es condición necesaria para hablar de feminismo, pues justamente, el feminismo nos invita a nosotros, los hombres, a cuestionarnos, y no al revés. Omitir esas preguntas, y no aceptar la invitación a reflexionar, produce reacciones como la del señor Johnny Olate, esto es, ver el feminismo como una amenaza y crítica personal, y no como una oportunidad para rectificarnos.

Olate nos presenta el feminismo como una consigna popular y un cáncer para la sociedad, defendiendo que en su acusación se excluye al feminismo que va del siglo XV al XIX, dando a entender que este cáncer sería el mal llamado nuevo feminismo con el cual convivimos hoy, ¿cuál feminismo es ese? No lo define.

No obstante aquello, se declara feminista en cuanto dice adherir al “verdadero feminismo”, que según él se corresponde con Von Mises, acuñando que el feminismo es tal mientras “se limite a igualar derechos jurídicos de la mujer y el hombre, a darle seguridad sobre las posibilidades legales y económicas de desenvolver sus facultades y de manifestarlas mediante actos que correspondan a sus gustos, deseos y situación financiera”. Vaya concepto más pobre.

Resulta miope defender el feminismo “verdadero”, en contraposición del contemporáneo, bajo una definición que reúne las características copulativas de: (i) ser formulada por un hombre para decirle a las mujeres cómo actuar; (ii) hombre que es pilar ideológico del capitalismo y libre mercado que ha contribuido a la producción, institucionalización y profundización del patriarcado, cuna de las desventajas de la mujer; (iii) que fue formulada hace casi cien años sin ningún ajuste al presente; y (iv) que solo se refiere a una igualdad de forma en el derecho, descuidando y dejando de lado todos los aspectos socioculturales que tiene cualquier discusión en torno a la situación de la mujer.

Llama la atención que un estudiante de derecho, entendida ésta carrera como una rama de las ciencias sociales, adhiera a un concepto tan mínimo de feminismo. En efecto, el movimiento feminista al que las mujeres nos invitan se ha presentado de manera transversal, y no tiene una búsqueda puramente jurídica, sino que pretende penetrar en lo más profundo del tejido social e individual, así entonces, se trata por ejemplo, de cuestionar que la mujer-femenino sólo por el hecho de ser tal es más sensible o delicada que el hombre-masculino.

Lo sorprendente en la publicación de Olate es la soberbia y arrogancia con que despacha autoras y autores sin argumentación alguna. En efecto, luego de defender a Von Mises, arremete contra el feminismo, pues lo acusa de haber sido tergiversado por los socialistas o marxistas, tratando de panfletaria, por ejemplo, a Simone de Beauvoir. Lo visto muestra que hay un cólera que el autor debió discernir pero en el cual fracasó, pues feminismo y socialismo por mucho que puedan relacionarse son cuestiones distintas. En efecto, lo que sigue en la columna de Olate es una crítica a un mutante que no existe, un feminismo inventado por él que sólo se explica por un error metodológico.

Continuando con su soberbia, Olate señala que: “Cientos son los autores en el campo “intelectual” que destacan en esta dañina tercera oleada del feminismo mal entendido, ejemplo es De Beauvoir que dice que la mujer es un concepto socialmente construido y definido por su opresor: el hombre, Firestone que afirma que el problema de la mujer está en su función reproductora y que, por lo tanto, es necesario abolir la familia para terminar con “la clase sexual”, otro ejemplo es Monique Wittig, quien dice que ser lesbiana “es el rechazo del poder económico ideológico y político de un hombre” y sin necesidad de abundar más, por último, destacar a la académica Andrea Dworkin que afirma que “el matrimonio es una licencia legal para la violación”.

Pues bien, el autor cree que basta con citar para que el lector evidencie el error en quienes ha aludido, pero salvo que yo no tenga su nivel intelectual, no veo aquí cuál es el daño que se genera con dichas referencias. Lo que Olate parece no tener en cuenta en su escrito es que sexo y género son cuestiones diferentes, que el azar de los cromosomas no determina cuál es nuestro rol social, pues justamente las mujeres quieren ser quienes se definan en virtud de ellas mismas y no en virtud del hombre, y que palabras como “mujer”, “familia” o “matrimonio” no son conceptos o instituciones naturales, todos ellos dependen de convenciones sociales, y justamente, lo que el feminismo cuestiona son esas convenciones, pues se les impuso de manera heterónoma.

Ahora bien, lo que tampoco termino de entender es cómo el “lenguaje inclusivo” o “secretarías de género” le parecen al autor promociones  de odio utilizando a la mujer. ¿Qué hay de odioso en que las mujeres quieran hacerse parte de un mundo que fue construido por nosotros los hombres-macho heterosexuales? Aquellas medidas son sólo un esfuerzo, para visibilizar situaciones que nos dicen solucionadas, cuando en realidad no lo han sido. Así nos han dicho que es obvio que mujeres y hombres deben ganar lo mismo si realizan la misma labor, pero el Instituto Nacional de Estadísticas publicó que el año 2016 las mujeres ganaban 31,7% menos que los hombres; se nos ha dicho que es obvio que mujeres y hombres merecen igual protección, pero la Subsecretaría de Prevención del Delito registró que el año pasado, de 93.545 casos de violencia intrafamiliar, 72.171 (el 77%) habrían sido casos contra mujeres; muchas desigualdades que parecen solucionadas por el feminismo de la primera ola (el buen feminismo para Olate), en realidad siguen siendo cuestiones fundamentales en nuestra sociedad, pues continuan normalizadas bajo el manto de un patriarcado egoísta y agresivo que no cede, el cual está claramente reflejado en su columna.

Es por ello que escritos como los del Johnny Olate son una bofetada de ignorancia y violencia, no tan sólo por ignorar qué es el feminismo, sino por ignorar los propios privilegios, junto al rol que nosotros como hombres hemos jugado a lo largo de la historia, y que aún seguimos reproduciendo.

 

Diego Villegas Aleksov

Estudiante de Derecho

Universidad Diego Portales

3 Comentarios

  1. ¡Muchas gracias por tu respuesta! Pronto responderé, eso sí, procuraré no tratar de “ignorante” o insultar a una persona que no conozco.
    Queda atento, Diego. Abrazo.

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