Se notan cercanas las elecciones de Federación: la pre campaña ya empezó, los movimientos políticos han “soltado” algunos nombres de candidatos a la Federación y en el ambiente se respira la expectación y el interés estacional por la política. Este año las cosas han cambiado muchísimo: se deshizo la izquierda dura (Crecer) y ha sido reemplazada por un pacto (al parecer) electoral, han surgido nuevos liderazgos fuera de los espacios de representación que disputan la toma de decisiones y se hizo patente el nacimiento de un nuevo movimiento de centro liberal.

Sin embargo, aquellos signos son muestras de algo mucho más profundo: el cambio que se está dando en la política universitaria involucra en gran parte una renovación de sus líderes. De estos nuevos liderazgos nace una nueva corriente  de estilo de la política universitaria: personas cuya principal preocupación son sus compañeros y su participación en el debate político es limpia y centrada en las ideas. La política universitaria está cambiando de paradigma, y razón tiene su tendencia, frente al desprestigio que le han causado sus líderes actuales. Contra la tónica gris, confrontacional e intolerante de nuestros representantes en los últimos años, ha de conformarse un proyecto de política universitaria firme en sus convicciones, que busque la cooperación y la tolerancia en todos los ámbitos.

Este proyecto de una nueva política universitaria debe ser de todos y todas: un proyecto que signifique un espacio de trabajo para la pluralidad política y de realidades que existe en nuestra universidad. Debe tener una estructura independiente, sin ser sujeto de instrumentalización política, pero siempre sobre valores mínimos como la libertad, la justicia y la responsabilidad social. Un nuevo proyecto de política estudiantil debe avanzar en las ideas de nuestro tiempo, abrazando la necesidad del cuidado del medioambiente y de la eliminación del maltrato de otras especies. 

Pero por sobre todo, una nueva política universitaria debe ser movida por la subjetividad individual. Debe reconocer y funcionar en base a las individualidades humanas, reconociendo su dignidad como fundamento de su libertad y protegiendo su independencia. Debe abrazar la diversidad, no solo como la multiplicidad de realidades humanas, sino también como el fundamento necesario del conocimiento humano. Una nueva política universitaria debe avanzar hacia un paradigma donde los representantes no se muevan teledirigidos por idearios estáticos y bicentenarios, sino que actúen dentro de un marco común de valores y principios.

Un nuevo proyecto de política universitaria es equivalente a la depuración y renovación de los espacios oscuros, sucios y repletos de prácticas perjudiciales que han creado nuestros representantes hoy en dia. Este debate contra la política antigua y de cuatro paredes debe ser dado por todos en nuestra comunidad. Será una pelea dura, llena de “me divierte”, burlas, acusaciones de amarillismo e incluso violencia. Frente a esto, debemos permanecer firmes en nuestras convicciones, no dejando que la política de los extremistas nos afecte ni nos desvíe de nuestro objetivo principal: el bienestar de nuestros compañeros y compañeras.

Hoy más que nunca, la política universitaria debe cambiar.

Manuel Villaseca
Estudiante de 3er año de Ingeniería Comercial

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