¿Qué nos jugamos en la elección FEUC? Esta es una pregunta que esquivan las reflexiones de un número no menor de estudiantes. Incluso para la escueta mayoría que participa en las elecciones, estas se le presentan como un concurso entre marcas más que entre propuestas. Se pueden elaborar muchas explicaciones para esto: organizaciones políticas que defienden sus intereses y no los de todos, falta de cercanía entre “las bases” y las “dirigencias”, priorización a ciertos temas por sobre otros, no considerar ciertas subjetividades, etc. Lamentablemente, estas explicaciones sirven más para desentenderse del problema de la participación más que para resolverlos. Mientras que para las organizaciones políticas les sirven para diferenciarse de las otras diciendo que ellos sí tienen propuestas para resolver ese problema que supuestamente nadie atiende, los estudiantes que no participan blindan con ellas su falta de acción y su desafección. Como Izquierda Autónoma creemos que es necesario superar esta desconfianza atrofiante a través de una discusión seria sobre qué esperamos de la FEUC y de quien la gane.

 

La FEUC es una organización sumamente importante para quienes apostamos por construir una educación pública, entendiendo como tal una que comprometa su producción con la sociedad en su conjunto y no con los intereses de pocos. Esto se da tanto por su rol histórico en el movimiento estudiantil como por el lugar que ocupa la UC dentro del sistema de educación superior. Nuestra universidad ha sido punta de lanza en la defensa de una educación subsidiaria y competitiva, donde la autonomía universitaria es más libertad de empresa que defensa de un proyecto educativo de la comunidad. Una FEUC que se diga transformadora, por lo tanto, debe ser capaz de responder a esto de forma clara. Esto no es, como le gusta caricaturizar a la derecha, preocuparse sólo por temas país y dejar de lado los problemas propiamente estudiantiles. En la competencia descarnada a la que estamos sujetos por el estudio se evidencia una forma mercantil de pensar la formación de profesionales y conocimiento, por lo que nuestra lucha por una educación pública no puede entenderse sólo a nivel nacional.

 

Tras la primera vuelta, se nos presentan dos alternativas. Aunque ambas defienden la necesidad de discutir el rol público de la UC, presentando algunas críticas a su funcionamiento, Solidaridad se declara abiertamente subsidiaria y propensa a perfeccionar el actual model educacional antes que transformarlo. Siendo así las cosas, pareciera que la Nueva Acción Universitaria es la opción preferente para quien se encuentra del lado de la educación pública. No obstante, tomar esa decisión de esa forma sería obrar por omisión y no por convicción. Si bien la NAU ha defendido las banderas del movimiento estudiantil y en su memoria ha buscado apropiarse de éste, su forma de hacer política da lugar a varias dudas. Con el presente texto buscamos interpelarles a que las respondan tomando postura.

 

En primera instancia, consideramos nocivo para un proyecto de educación pública el confundir avances con medidas parches. Durante los 4 años de gobierno de la Nueva Mayoría, las demandas por una educación pública, gratuita y de calidad fueron degeneradas en soluciones tecnocráticas que en nada apuntan a superar la educación de mercado. Si el NAU busca una FEUC que construya una nueva educación desde la sociedad, no puede andar festejando como avances políticas públicas tan insuficientes y con tanto rechazo popular como la Ley de Carrera Docente o la NEP. Cuando defendemos la autonomía del movimiento social es también la autonomía de elaborar por sí mismo las soluciones a sus problemas.

 

La autonomía estudiantil debe ser respaldada por un estudiantado activo en la elaboración de soluciones. La política, por ende, no puede terminar siendo una actividad de unos cuantos especialistas. Lamentablemente en la UC esta no ha sido la tónica y los representantes son a la vez administradores de la burocracia estudiantil. En esto todas las fuerzas tenemos responsabilidad, pero la que el cabe al NAU no es menor. Durante todas sus federaciones ha diferenciado la administración del programa (FEUC) del movimiento político (NAU), llegando al absurdo de tomar postura como NAU sobre el aborto y que esta decisión no sea extensiva a la FEUC. Si vemos los cargos como programas a cumplir y no como herramientas de articulación política, seguiremos replicando la misma política despolitizante que el gremialismo ha impreso sobre nuestra comunidad.

 

En conclusión, esperamos que la Nueva Acción Universitaria pueda responder las dudas que caen sobre su propuesta, explicitando cuál es su defensa de la educación pública y cómo piensan sobreponerse las formas gremiales de hacer política. Sin respuestas claras al respecto, es difícil brindar nuestro apoyo a algo que parece compartir nuestros principios de manera meramente superflua, pero más importante: sin principios claros es difícil construir un proyecto realmente propio, que no requiera la mediación ni solución de expertos.

 

Izquierda Autónoma UC

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