Durante esta jornada cerca de 300.000 estudiantes de nuestro país se dirigen a rendir la Prueba de Selección Universitaria para el proceso de admisión 2018. En consecuencia, y como todos los años, el debate nacional se tiñe de críticas a este mecanismo de acceso a la educación superior, que se apagan una vez pasan los días que dura la evaluación.

Sin embargo, dichas críticas muchas veces si apuntan en la dirección correcta: la PSU es una prueba que en la práctica ha potenciado y manifestado la segregación y desigualdad en el sistema educacional chileno. Las diferencias en los puntajes según el nivel socioeconómico de los estudiantes es uno de los indicadores que, constituido como un termómetro, nos recuerda que nuestro sistema educacional está enfermo.

La solución a este problema viene desde la solidaridad. Porque el compromiso comunitario exigido por este principio nos obliga a cuestionarnos la situación de aquellos que no tuvieron las herramientas para ingresar a la Educación superior, y buscar soluciones que impacten realmente en el sistema.

¿Cómo queremos cambiar la educación superior en Chile si no nos hacemos cargo de su método de acceso? ¿Cómo generamos verdadera inclusión si no nos preocupamos por estos mecanismos que excluyen a miles de estudiantes? ¿Si hoy aseguráramos gratuidad, apuntaría está a los alumnos más vulnerables? ¿O más bien, cargados de ilusión, se encontrarían con una barrera de entrada casi imposible de superar?

Es nuestro deber eliminar esas estructuras injustas que coartan sueños, posibilidades y la libertad de miles de estudiantes. Es tiempo de levantar la temática y proponer, no sólo a través de la crítica esporádica una vez al año, sino de manera permanente y responsable, y con todos los actores de la sociedad y de nuestra comunidad universitaria. Eso es precisamente lo que nos exige la solidaridad.

Emilia García, Consejero Territorial Solidaridad College

Benjamín Saenz, Consejero Territorial Solidaridad Derecho

 

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