Es lamentable que la discusión en torno a la carta entregada por la FEUC al Papa Francisco se enfoque en el, supuesto, doble estándar que implicaría la participación en la ceremonia y la manifestación a traves de la correspondencia. En mi opinión, el debate debería estar dándose en base a la tematización de urgentes problemáticas, como lo son los casos de abusos, y la contundente crítica que la federación dirigió a la autoridad católica,debido a su lamentable ausencia en el acompañamientos de dichas problemáticas.

Las criticas a la FEUC me parecen infundadas si, además, recordamos que ellos intentaron, a traves de todos los canales posibles, encontrar espacios para manifestar sus inquietudes y dialogar con el Papa, recurriendo a la nunciatura, los encargados de la visita y autoridades de la universidad atingentes al evento. No obstante, todas esas puertas fueron cerradas, y las posibilidades de real diálogo negadas. Por ende, debemos comprender el actuar de nuestra federación como un último recurso de manifestación de las preocupaciones que ellos, y muchos, consideramos necesarias expresar, el cual solo se utilizó ante un obstaculizado escenario.

En adición, y siendo estudiante de esa facultad, me resulta preocupante que estas críticas provengan, principalmente, desde el Centro de Alumnos de Derecho (CADE)  de la misma universidad. La directiva del CADE acusa a la FEUC de un “uso fraudulento de un encuentro en el que asistieron como invitados, abusando de su posición”. Lo esperable de nuestros representantes es que recojan el descontento e inquietudes de su comunidad y lo manifiesten frente a nuestras autoridades. Ahora, si recordamos  que el Papa es la autoridad máxima de toda institución pontificia, no resulta para nada extraño esperar que nuestra federación pretenda dialogar  con él ante su visita, y en su defecto, manifestarse. En adición, debemos reconocer que lo expresado en la carta no corresponde a una exageración o a una descriteriada ponderación de temáticas arbitrarias, sino que refiere a casos reales en donde gente de nuestra propia comunidad está sufriendo y se le está dando la espalda. En mi opinión, lo fraudulento en este caso es negar toda opción de diálogo con estudiantes cuando el mismo Papa hizo el llamado a vivir una juventud participativa y expresiva. La FEUC se vió enfrentada a una decision, en donde por un lado se podía mantener la pasividad por las condiciones de la ceremonia o bien, podía actuar. Yo prefiero una federación que sea capaz de representarnos mediante la denuncia de injusticias, antes que una que se mantenga muda ante una realidad preocupante. Esto es lo que una comunidad necesita.

Posteriormente, el mismo CADE añade una crítica a la Nueva Acción Universitaria, movimiento que a cargo de la federación, acusandolos de caer en una inconsecuencia con su discurso participativo y dialogante. Dicha acusación desconoce la identidad de un movimiento que desde hace casi diez años ha trabajado por una universidad más democrática y participativa, incluyendo la representación de todos sus estamentos. Lo preocupante de esta polémica con el CADE es que, con el fin de ganar tribuna, se perdió el foco hacia el cual iba dirigida la carta, la cual atendía problemas de público conocimiento. Finalmente, espero que los intentos por desviar  la discusión no estén motivados por una actitud de “hacer vista gorda” a graves problemas que afectan a compañeros y compañeras y que, por lo tanto, debemos atender.

La carta entregada por la federación pretendía dar a conocer y denunciar las problemáticas urgentes de nuestra comunidad, pero más allá de la discusión suscitada entorno al acto realizada por la federación, debemos entenderla como una invitación a que en conjunto empecemos a hacernos cargos de las problemáticas  de nuestra universidad, pero también de nuestra sociedad y esto implica no quedarnos solo en la denuncia, si no que, sin importar si somos estudiantes, profesores, funcionarios o trabajadores, ocupemos todos nuestros espacios de representación, para dialogar y trabajar en comunidad los problemas que actualmente tenemos en nuestra casa de estudios. Jamás debemos olvidar que el devenir de nuestra universidad le pertenece a la comunidad en su conjunto.

Benjamín Leyton
Alumno Quinto año de Derecho.

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